domingo, 13 de noviembre de 2011

Clases Online e hipocresía

Muchas universidades, como es el caso de la mía, están empezando nuevamente las clases presenciales, después de un paso por las terribles clases online. ¿Por qué terribles? Principalmente porque son impersonales, no dan muchas explicaciones, no se aprende lo mismo a que si la materia fuese impartida de modo presencial y, al final pero no menos importante, no está la presión psicológica de llegar a la hora, calculando los tiempos para vestirse, tomar desayuno y movilizarse, lo que deriva en atrasos a las clases.

Lo que es yo, no quiero nunca más tener clases online. Es gracioso, por decir lo menos, ver a los mismos estudiantes que en mi carrera reclamaban por esta modalidad, argumentando que no había que tomarlas si eramos estudiantes conscientes (Yo estoy a favor de lo que se pide, pero siempre estuve en contra de las tomas como forma para pedirlo) y que por ningún motivo había que asistir a ellas si las llegábamos a tomar, sentados en los asientos del final de las diversas salas donde hicimos clases semi-presenciales mientras duraba la toma.

El asunto de las personas que reclaman contra los que tomamos las clases online y que quisimos salvar nuestro año y ellos, por debajo también lo hicieron es tan confuso e hipócrita como el vegetariano que en la privacidad de su hogar come asados, longanizas, costillar y chuletas. Nadie le cree a los que actúan como el Padre Gatica, quién predica pero no practica. ¿Qué clase de profesionales saldrá, moralmente hablando? Yo me saco el sombrero frente a los que en un principio dijeron que preferían hacer las cosas bien a que sacar un semestre a la ligera y no tomaron las clases online, porque ellos fueron íntegros, no así los que decían una cosa y hacían otra.

Independiente de que si usted esté a favor o contra de una educación gratuita para todos y de calidad en Chile o de su postura personal frente a las clases online, lo único que le pido es que en un futuro, actúe como promete, porque si no lo hace, se convierte nada más ni nada menos en uno de los tantos políticos a los cuales muchos aborrecen y pocos aman.

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